- Destinatarios:
En nuestra comunidad son aceptadas todas las personas, no tenemos alguna restricción por edad o etapa de vida, sin embargo, la mayor parte de las personas que forman el grupo son mayores a los 40 años
Para nosotros es fundamental experimentar la presencia de Dios y aterrizarla en nuestras diversas realidades temporales:
- Familia
- Trabajo
- Iglesia
- Amigos
- Aspectos personales
Por lo anterior, para nosotros es sabido que en todo apostolado «la intención es ser capaces de responder a la invitación del apóstol San Pedro de poder dar, a quien nos lo pida, razón de nuestra esperanza» 1ª Ped 3, 15.
Confiamos en un proceso humano-espiritual que contemple todo el ser, Espíritu, Alma y Cuerpo, el cual puede ser alcanzado a través de recorrer las enseñanzas fundamentadas en las obras de los grandes doctores de la Iglesia, las cuales están aterrizadas y sintetizadas, según nuestra opinión, En los textos carmelitas del castillo interior o las 7 moradas de Santa Teresa.
El Alma Tibia
Alma tibia es aquella que cae a menudo en pecados veniales, conscientemente: mentiras, actos de impaciencia, maldiciones voluntarias, deliberadamente.
Algunos dirán: eso no se puede evitar. Falso.
Estas culpas se pueden evitar, con la ayuda de Dios.

Todo pecado produce ceguera en el espíritu y cuando se acumulan los males veniales, aumenta la ceguera. Así, podemos comparar el alma con un vidrio sucio lleno de manchas. ¿Puede entrar a través de él la luz del sol? De la misma manera, en un corazón lleno de manchitas, no puede penetrar la luz del Señor para darle a conocer a esa persona el abismo hacia el que se encamina.
No es una exageración. El hombre obstinado en el mal hábito, privado de la luz divina, camina de culpa en culpa y se pierde porque no toma en cuenta la enmienda. Se convierte en una bestia privada de razón, que no busca sino lo que le place a sus sentidos… Es como un buitre que alimentándose del fétido cadáver que tiene entre sus garras, prefiere ser cazado que dejar la presa.
El corazón del tibio se endurece contra la lluvia celestial de la gracia y no puede producir frutos con ella. Lluvia de gracia son las inspiraciones, los remordimientos de conciencia, el temor de Dios; pero el pecador habitual, en vez de sacar fruto de esa lluvia de gracia, arrepintiéndose de sus pecados y enmendándose, sigue cometiendo acciones que alejan de Dios. Allí es donde esa alma endurece más su corazón.
Las almas tibias confiesan: murmuraciones, mentiras, impaciencia, en fin, pecados menores. Pero siguen pecando y así, vuelven a revolcarse en el abismo del mal, a la manera de ciertos animales que con tanto placer se revuelcan en los lodazales más sucios y asquerosos. ¿Qué es lo peor? Que el alma habituada a cualquier vicio, comete casi siempre el mismo pecado, aun en la hora de su muerte.
Por eso, Dios mío, quiero echar una mirada sobre mí mismo.
Puede ser que sea yo uno de esos adormecidos que nunca han pensado en tomar una resolución respecto de tu voluntad; puede ser que mi conciencia esté profundamente aletargada – gravi corde – e incapaz de enderezarse, si tu trueno no la despierta.
¡Hazme salir de mi tumba!
Pero quizá yo también no estoy dispuesto a ofrecerte más que una mentida sumisión. Puede ser que te haya dicho: “todo, pero esto no”; imaginándome que tenía derechos que debía hacer valer, y bienes personales que defender, temiendo de parte de Dios un despojo excesivo. Si así fuera, me encuentro verdaderamente entre esos tibios cuya absurda cobardía te disgusta, y no me he dado cuenta de no haber sembrado en mis surcos más que la nada.
Sin embargo, en el camino a la santidad siempre hay esperanzas de resurrección. La vida de un cristiano no puede ser, ni hoy ni nunca, una vida monótona, en la que todo se circunscribe sólo a misas; sin comulgar, a devociones, y a lecturas religiosas populares. Debe ser una vida dinámica en todos los ámbitos (físico, mental y espiritual), transformada y en permanente crecimiento en todos los quehaceres temporales (trabajo, familia, iglesia, convivencia social).
Lo anterior sólo es posible cuando tenemos un encuentro personal y fuerte con Dios, una experiencia profunda con Él donde se haya percibido y se haya vivido su dulce presencia. Él nos da la fuerza de ver para adentro y de darnos cuenta de todo lo que debemos lavar y purificar. Él se revela a nuestra vida, nos llena de Su Espíritu Santo y nos conduce siempre a nuevos niveles. La vida cristiana entonces deja de ser rutinaria y tibia, para convertirse en una experiencia maravillosa, de oración auténtica, de lectura profunda y mística de la Biblia y de mejoramiento permanente, llenos de la Presencia de Aquél que nos llamó de las tinieblas a la luz.
¿Has tenido ese encuentro personal con Dios?
Te invitamos a visitarnos en la parroquia de San Jorge Mártir en San Juan de Aragón.
Domingos 9:00am Salones parroquiales. Grupo PAX

¿Qué significa PAX?
La palabra PAX tiene un significado profundo y simbólico. Proviene del latín y significa «paz». En la tradición cristiana, la paz no se limita a la ausencia de conflicto, sino que se refiere a un estado de armonía, reconciliación y comunión con Dios, con los demás y consigo mismo.
Algunos aspectos clave del significado de PAX desde la óptica católica son:
- Paz como don de Dios: La paz es un regalo divino que Jesucristo ofrece a sus seguidores. En el Evangelio de Jn (14,27), Jesús dice: «La paz les dejo, mi paz les doy; no se la doy como la da el mundo». Esta paz es fruto de la reconciliación con Dios a través de Cristo.
- Paz como fruto del Espíritu Santo: En la teología católica, la paz es uno de los frutos del Espíritu Santo (Gal 5, 22). Es un signo de la presencia de Dios en el corazón de las personas y en la comunidad.
- Paz y justicia: La paz en la visión católica está íntimamente ligada a la justicia y al respeto de la dignidad humana. La Iglesia promueve la construcción de una sociedad justa y solidaria como base para la paz verdadera.
- Pax Christi (Paz de Cristo): Es una expresión que resume la misión de la Iglesia de ser instrumento de paz en el mundo. La Iglesia católica trabaja por la reconciliación entre los pueblos y la resolución de conflictos desde el amor y el perdón.
- Paz interior: La paz también se entiende como un estado de serenidad y confianza en Dios, incluso en medio de las dificultades. Es el resultado de la fe y la entrega a la voluntad divina.
- Pax en la liturgia: En la Misa, el sacerdote saluda a la asamblea con las palabras «La paz del Señor esté siempre con ustedes», y los fieles se desean la paz unos a otros como signo de comunión y amor fraterno.
En resumen, PAX es un concepto integral que abarca la relación con Dios, con los demás y con uno mismo, y es un llamado a vivir en armonía, justicia y amor, siguiendo el ejemplo de Jesucristo, el «Príncipe de la Paz» un instrumento para saber más al respecto es el Grupo PAX







